1.1.1 El Rey Caranthir

El Rey Caranthir

Quiero hacer una apuesta contigo.

Si gano sigues leyendo un poco más.

Estoy casi seguro (a un 97%)  de que cuando escogiste “La espada de Caranthir” no te vino a la mente la imagen de Dobby, el elfo de Harry Potter.

¿Es porque ya conocías la historia de Caranthir, rey de Thargelion?

No creo.

Atento, porque ya estás dentro de mi tobogán de mantequilla (mi tobogán, mis reglas).

Cuando pensé en qué CTA utilizar para que decidieras si eres un posible cliente del tipo “elfo” o “pirata” pude haber usado solamente esas dos palabras.

Pulsa aquí si eres un elfo.

Pulsa aquí si eres un pirata.

Y hemos quedado en que tu mente es la que rellena los huecos que yo voy dejando.

Por lo tanto si digo elfo, dejo muchos huecos a tu imaginación.

Peeeero, si a ese elfo le pongo un nombre (que además significa “misterioso”, “oscuro”, “fuerte”), y le pongo una espada en la mano, difícilmente tu mente se irá al personaje miedoso y débil de los libros de J.K. Rowling.

BOOOM!!

Tu mente rellena ese hueco con Légolas o alguno de sus colegas macizorros.

¿Qué significa eso?

¿He manipulado tu mente?

¿Qué magia élfica utilizo en mis copys?

Hemos quedado que en esta newsletter voy a usar historias que te hagan pensar. Así que piensa. Qué acaba de pasar?  Que has rellenado los huecos. Que pasa con tu comunicación? Pues que  tus clientes tienen múltiples imágenes para rellenar los huecos que dejes.

De ti depende que tu estrategia de comunicación haga que su imagen de la solución concuerde con la tuya.

Por eso en tu estrategia de comunicación debe estar incluida la historia del guerrero.

Porque ese guerrero es tu cliente.

El storytelling, la historia que cuentes, se tiene que centrar en él.

Y en su historia con  marca.

Igual que este storytelling se centra en ti, y en tu estrategia de comunicación.

Él es el elfo.

Y se tiene que sentir identificado contigo cuando le ofrezcas compartir el camino.

Y cuando le hables de dolores…

Hablando de dolores.

¿Qué escoges?

1.0 sujetame el cubata

Sujétame el cubata!!

Tú puedes pensar, ¿qué tiene que ver PI con el copywriting, la comunicación estratégica y mi negocio?

Esto es porque a ti te dan igual los decimales que tenga el número PI a estas alturas de la película.

Y desde el momento que saliste del colegio es posible que ni te acordaras de él hasta ahora.

De hecho puede que pienses que tampoco te interesa mucho la historia que te voy a contar.

Pero sigues aquí, porque en el fondo tienes curiosidad por saber que tiene que ver el número PI con la comunicación estratégica.

Te lo cuento en menos de dos minutos.

Hay un matemático español (tranquilo que no te voy a hablar de números), que se llama Jaime García Serrano.

Con esos apellidos como para no ser Español.

Pues el bueno de Jaime tiene un coco privilegiado.

De hecho si él hubiera estado en tu situación nunca habría pulsado el enlace que te ha traído hasta aquí.

Lo sé.

Jaime se habría perdido lo que te voy a contar.

O tú te estás perdiendo lo que él estaría leyendo ahora mismo.

La cuestión es que, un día estando en un bar a punto de cerrar, un colega de Jaime que ya se había tomado tres veces la última (esto me lo invento porque sino no le veo sentido a lo que hizo este tío), le dijo:

A que no hay limones a decir todos los decimales de PI

Esa frase, que ha acabado tan mal tantas veces, fue en este caso la causante de un momento tan épico como absurdo.

Jaime, que en mi imaginación tampoco estaba muy fino, se lio la manta a la cabeza y tras un «sujétame el cubata» de libro arrancó a recitar:

«3,141592653…»

Tres horas después los echaron del bar.

Y cuando llevaba 4 horas y 150.000 decimales, el colega le dijo:

“Tío, ¿a qué ha venido todo eso?”

La cuestión es que hacía 3 horas y 59 minutos que la apuesta había dejado de tener sentido.

El bueno de Jaime tiene en sus manos el récord de recitar durante cuatro horas los decimales de PI (y esta parte de la historia sí es real).

Olé tú, Jaime!!

150.000 decimales!!

Sin fallar!!

Ahora, la pregunta es ¿para qué sirve ese despliegue de conocimiento y sabiduría?

Ojo que no digo que no sirva para nada.

Pero si tú estás aquí, es porque lo que te gustan es el copywriting y las historias y no que te llenen la cabeza de datos.

O te habrías ido por el otro camino.

Porque tantos datos logran que se pierda el sentido de la apuesta.

Y el de tu comunicación.

En resumen, los datos sirven para ganar apuestas y para demostrar lo bueno que eres en algo. 

Pero, si lo que quieres es comunicar, lo que a la gente le gusta es que le cuenten una buena historia.

Y hay dos tipos de personajes a los que les gustan las historias.

Los elfos, y los piratas.

Y en esta historia, la historia de tu marca, tú decides que quieres ser. Elfo o Pirata.

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2.0 Los números no mienten.

Los números no mienten

¿De qué te sirve saber el valor exacto de PI?

Ese 3,14 y pico.

Ese pico ¿sirve de algo?

Sirve para algo.

Pero quizás no para lo que tú quieres.

Hay un tío, con dos apellidos españoles, de los de toda la vida.

Jaime García Serrano.

Más español que Paco Martinez Soria.

Y en un alarde, no se si de memoria o de inteligencia, se pasó cuatro horas recitando decimales del número PI.

150.000 decimales.

Así.

En frío.

Y batió un récord, que no hay quien iguale. No se si por falta de inteligencia o por aburrimiento.

Porque está más que demostrado que con los 39 primeros decimales se puede medir la longitud de una circunferencia que abarque el universo conocido.

El universo (sí, para eso valía PI, para medir circunferencias).

¿Qué significa eso?

Que ni necesitas ser Jaime García, ni usar una supercomputadora, ni batir el récord de 12,1 billones de dígitos (que marea), del famoso PI.

Porque si con 39 son suficientes para medir todo lo conocido por el ser humano, ¿para qué invertir energía en más?

Si te lo propones, 39 números puede que hasta los recuerdes.

O te los apuntas, que caben en cualquier sitio.

Cuando tienes que crear una estrategia de comunicación, o de márketing, tampoco tienes que saber absolutamente todo.

Necesitas saber lo justo.

Los 39 dígitos del universo conocido.

Del universo que es tu negocio.

Ni uno más.

Y comunicarlo de forma estratégica.

Como si le hablaras a un crío de 7 años.

Y le contaras una historia.