Mi mujer tiene alergia a los gatos.
Bueno, y al polen, las gramíneas, el moho, las bolas de arbusto del oeste (sí, esas que ruedan secas por el campo), al ciprés y a nosecuantascosasmás.
Pero, le encantan (los gatos) y su hermana tiene dos.
Cada vez que va a su casa luego le da un ataque de alergia. Pero ella no deja de ir. Se toma una pastilla y va.
Porque lo que tiene realmente es alergia al cambio.
A cambiar de trabajo, a empezar a hacer deporte, a mandar a su jefe a freír monas, a ir al médico cuando se encuentra mal.
Hay una solución permanente, que es vacunarse. No, no hay vacuna que cure la alergia al cambio, es para la alergia a los gatos. Pero dice que esa solución no va con ella. Que a ella no le funciona.
Tenga razón o no, que en eso no me voy a meter, el problema no es la alergia al cambio en sí.
Hay un problema de fondo:
No ha recorrido “el viaje”.
Y es que aunque el viaje exterior que recorres como cliente es importante, el interior es mucho más duro.
Porque a veces significa reconocer que te equivocas. Que seguir por donde vas puede traerte más problemas que beneficios. Que la inacción es la peor de las acciones. El famoso delito de omisión. Poder hacer algo y no hacerlo para que mejore la situación.
La gente en general defiende su derecho a equivocarse, y ese es uno de los síntomas claros de la alergia al cambio.
Pero cuando tu derecho a equivocarte se carga tu economía y tu negocio es el momento de redefinir convicciones y dar un paso adelante.
De vacunarte.
Para que tu marca comunique con convicción no puedes hacerlo desde un enfoque basado en el autoengaño.
Reconocer que te equivocas es lo más difícil, pero lo más inteligente.
Requiere humildad.
Requiere abrir la mente.
Y sobre todo requiere que seas VALIENTE.
Por cierto, mi mujer tiene alergia al pelo de los perros.
Y tenemos dos.
¿Lo entiendes?
Hay personas que nunca tomarán acción si eso les supone un sacrificio.
¿Sería más feliz sin los perros?
Nunca lo sabremos, porque los colecciona como cromos. Y a mí que me encantan también pues no me quejo. Lo que no soporto es a los gatos. Con ese aire de superioridad, mirándote siempre como si te perdonaran la vida.
Pero aquí la pregunta es:
¿Te puedes permitir no hacer nada con tu marca, tu comunicación o tu negocio?
En tu comunicación tienes que definir tus objetivos, y una vez definidos dar caza a tus clientes de forma inteligente.
Y cuando estás en medio del bosque puedes ser dos tipos de cazador.
