Quiero hablarte de gente que se lleva la fama sin pegar un palo al agua. De esos hay unos cuantos en redes.
Esos son los cazadores listos.
Hay que diferenciarlos de los inteligentes, esos son los que estudian el terreno y cuando se ven fuera de lugar contratan a un explorador mohicano (si eres de estos quizás tenías que haber escogido el desvío anterior).
En esta parte te voy a hablar de un tío importante que conoces, aunque aún no lo sabes.
De Henry Morton no se sabe mucho, y no suele sonarle a la mayoría de la gente. Se sabe que era un buen explorador y muy inteligente. Nació en 1841 con el estigma de ser un hijo ilegítimo y además fue abandonado. Vamos, un pupas de libro, pero con un espíritu luchador y cualidades que le hacen merecedor de estar compartiendo web con el resto de ilustres que ya has conocido.
La historia por la que le conoces es esta.
En 1869 el editor del New York Herald le encargó la búsqueda del explorador y misionero David Livingstone del cual no se sabía nada desde hacía 6 años. Lo encontró dos años después en una aldea al borde del lago Tanganica.
Al encontrarlo, después de dos años dando vueltas por África solo se le ocurrió aquella mítica frase (que seguro que ya te suena):
“El Dr. Livingstone, supongo”.
Y fíjate por donde.
Quién se lleva la fama de ese momento es el Dr. Livingstone.
Porque es muy posible que, hasta hoy, no supieras que fue Henry Morton quien hizo todo el trabajo de investigación y búsqueda durante dos años hasta que lo encontró.
Morton era un tío inteligente, como tú.
Entre otras medallas tiene la «Gran Medalla de Oro de las Exploraciones y Viajes de Descubrimiento».
Eso era como ser el campeón de la Champions de los que más molan encontrando gente y sitios perdidos.
Un crak.
Y, sin embargo, a quien se recuerda es a Livingstone.
Pero lo que mucha gente no sabe es que Morton, aunque era un excelente explorador, también era periodista (creador de contenidos de aquella época), por lo que dejó su historia escrita en sus diarios.
Y el tiempo adora las historias.
Igual que tus clientes.
Por eso en tu estrategia de comunicación debes contar una historia.
La historia que cuenta la relación de tu cliente con la historia de tu marca.
Si eres un buen explorador y un cazador inteligente hay varias cosas que a estas alturas ya deberías tener claras.
Tus objetivos, o sea, quién es tu cliente.
Cuál es tu estrategia de comunicación.
Y que esta web es diferente a todo lo que has visto hasta ahora.
Ahora solo te queda una pregunta que escoger. Si quieres saber más sobre mí o sobre mi método.
Ya estás llegando al final de mi tobogán de mantequilla.
