Ninguna IA me quitará el trabajo de copywriter

Cuando tenía 8 años escribí mi primer cuento para niños en un concurso del colegio.

Quedé 2º.

El primero fue el hijo de la profesora y me da que tuvo ayuda antes, durante y después.

Pero para mí, el hijo del cartero, quedar el segundo era una triunfada.

Pero gente que usa atajos, tiene ayuda o enchufes ha habido, hay y habrá toda la vida.

La cuestión de esto es qué vas a hacer tú al respecto.

 

Desde que recuerdo he pasado la vida entre cartas, postales y sobres. Creo que eso marcó mi amor por la escritura y por comunicarme con otros de forma escrita.

De pequeño leía las cartas de amor que mi padre le mandaba a mi madre, llenas de rimas y poesía desde que aprendí a leer con 4 años.

Y con 6 o 7 años recuerdo como mi padre me llevaba subido encima del carro de madera con las sacas de cartas que llevábamos a la estación del tren para mandarlas en el vagón de correos que iba para Bilbao.

Mientras veía todas esas cientos de cartas imaginaba los lugares que iban a visitar todas esas palabras.

 

Por cierto (me verás mucho decir esto).

 

Soy Samuel Seva.

 

Aunque en el mundo online todo el mundo me conoce por samukortajarena, un pseudónimo que llevo usando desde que, teniendo 5 años, me enteré de que era el apellido de una de mis abuelas a las que nunca conocí.

Mis primeros pasos en la creación de contenidos a nivel online fueron en el 99.

Sí, del siglo pasado.  
Se nos llamaba bloggers.
Casi nadie sabía qué era el SEO o cómo se usaba.

El copywriting era algo de americanos, solo los yankies y algunos expertos en publicidad como Luis Bassat o Santiago Rodriguez sabían de que iba el palo.

 

Empecé escribiendo para un blog de surf y de ahí pase a otros blogs relacionados con el deporte.

 

La presencia digital y la marca que desarrollé (prácticamente sin saberlo) como experto en material deportivo hizo que el CEO de un E-Commerce se fijara en como escribía y me fichara. Así acabé como experto en márketing y contenidos en un E-Commerce deportivo durante 12 temporadas.

Allí aprendí sobre todo cómo NO se hacen muchas cosas.
Pero también aprendí como sí se pueden hacer para que sean rentables.

 

He aplicado lo que he aprendido sobre redacción persuasiva y estrategias de venta en las webs y negocios de más de 200 clientes en los últimos años.

Antes usaba las redes como entretenimiento y ahora hago que trabajen para mí y para mis clientes aplicando lo que he aprendido durante todo este tiempo sobre estrategia, ventas, copywriting y marca personal.

 

Soy samukortajarena y he escrito una newsletter durante tres años prácticamente cada día. 

Ahora lo hago con menos frecuencia, pero más intención.

En ella cuento historias (como la de abajo) sobre todo lo que esta maravillosa profesión me enseña cada día mezcladas con consejos y estrategias para emprendedores que necesitan soporte premium para sus negocios.

Y no. Mis emails no los escribe una IA. Por suerte para ti.

Te espero dentro.

Aprender a transmitir emociones hace que vendas más.

Tengo un colega que un día me pidió una botella de whisky de mi colección, vacía.

Quería llenarla con whisky barato y ponérsela a otro de nuestros colegas que siempre se las anda dando de que sabe mucho de whiskies.

Para descubrirlo.

Me la pidió porque tenía confianza.

Conmigo, porque sabía que se la iba a dejar, en él mismo porque pensó que a la botella no le iba a pasar nada.

Le dejé una botella de Hibiki, que me había regalado mi mujer hace unos años, en un aniversario.

Diez minutos después de salir de casa la botella se le había caído al suelo y se había hecho añicos.

Fijate.

No es la botella lo que tiene valor. La botella está vacía, el whisky hace tiempo que lo eché en mi agüita amarilla.

Lo que cuenta son los sentimientos.

Los de mi mujer cuando se enteró, los de él viendo la botella rota en el suelo cuando hacía 5 minutos se había ido de mi casa a carcajada limpia pensando en la inocentada que le iba a gastar a su amigo.

Cuando se generan sentimientos se generan acciones.

La primera la de él.

Te compro otra botella.

La de mi mujer.

Te compro otra botella.

La de tu cliente.

Porque si consigues que tu cliente se emocione con la historia que le cuentas también te comprará otra botella.

O un curso.

O tus servicios.

Escribo historias diferentes, que mientras te entretienen te ayudan a pensar por ti mismo.

A veces salen de mi día a día.

Otras veces las encuentro buceando en internet o leyendo un buen libro.

Mis historias te ayudan a vender más, a comprender la psicología detrás de las ventas y a aprender a negociar de forma más efectiva.

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